Gestión del talento en la empresa

De Manuel Mota, los monstruos y el enfoque tibetano

El cuerpo de Manuel Mota presentaba signos de violencia | ModaEstos días hemos leído la terrible noticia de la muerte de Manuel Mota, director creativo de Pronovias. Todos los medios hablan de un suicidio. De hecho, su hermana es muy tajante cuando afirma que su hermano tenía ansiedad producida por una persona de su entorno profesional, a la que se refería por “monstruo”.

Este blog no es el foro para explorar la verdad de este triste asunto, porque es cierto que existen esos “monstruos”… pero no todos reaccionamos igual ante ellos.

Lo que sí es objeto de este post es la reflexión que estos días he tenido en la cabeza sobre esos “monstruos” de las empresas que presionan sin impunidad a sus colaboradores.

He conocido algunos, de hecho hay miles paseando a sus anchas por las empresas. El factor común que tienen es:

  • Narcisismo feroz: un ego de dimensiones siderales.
  • Tratan a las personas como instrumentos, no como seres humanos.
  • El chantaje psicológico y la manipulación como medio habitual de comunicación.
  • Una patológica orientación a resultados, muy al estilo de Maquiavelo: “el fin justifica los medios”.

enfoque tibetanoPor casualidad (bueno, las cosas no suelen pasar por casualidad), estoy estos días leyendo el libro “El enfoque tibetano del pensamiento positivo“, que si bien el título aburre “hasta a las

vacas”, tiene mucho jugo y aporta muchas buenas ideas. Voy por el capítulo 4, “El verdadero valor del dinero”, y acabo de terminar el tercero, “Su trabajo cotidiano”, donde se aborda la forma en que el mundo occidental aborda el trabajo. Lo de siempre: muchas horas, mucho estrés, “justita” satisfacción. Nos hemos aburrido ya de que nos recuerden esta cruda verdad.

El capítulo dedica unas páginas al menosprecio profesional, presión o maltrato verbal, posicionando a los jefes maltratadores como personas impulsivas y egoístas, ajenas al daño y al dolor que provocan, punto especialmente interesante. AJENAS AL DAÑO Y AL DOLOR QUE PROVOCAN. Ojo. Porque si son ajenas al dolor que provocan, entonces yo, ¿qué puedo hacer?

No podemos cambiar a las personas tóxicas (qué pena a veces, ¿eh?), pero sí podemos cambiar nuestra forma de afrontar el efecto que generan en nosotros.  Los tibetanos, para este tipo de situaciones, nos proponen cuatro estrategias de afrontamiento:

  1. Reflexionar sobre si yo he hecho algo que haya contribuido a la situación de presión o maltrato.
  2. Crear ideas mentales sobre mi trabajo como un medio para dotarme de mayor éxito, poder y sabiduría.
  3. Dirigir compasión hacia el agresor, todos los días como ejercicio mental de cinco minutos. Una compasión impersonal y sin emociones, con el mensaje subyacente: “el problema lo tiene él, no yo”.
  4. No pelear, no quejarse: estas reacciones hinchan la energía negativa de los tóxicos y ésta vuelve hacia nosotros como una gran bomba explosiva.

¿Y qué hacer entonces con los “monstruos” del trabajo?, diréis. ¿Tenemos que dejar que se vayan “de rositas”?, porque, en el fondo, todos tenemos un guerrero justiciero dentro que busca “la sangre” del dragón. ERROR. O buscas otro trabajo (con lo fácil que está todo), o “te pones zen”, que básicamente es lo que propone este libro.

Porque quejarse por los pasillos sólo nos lleva al síndrome “pobrecito de mí” y, según los tibetanos, el “quejica culpabilizador” disemina una fuerte energía negativa con la que, encima, invade a los demás.

Así que ya sabemos. Ante los “monstruos”:

  • O intentamos cambiar la relación con esta persona, pero lo intentamos UNA SOLA VEZ dialogando de forma constructiva.
  • O cambiamos de trabajo si la ansiedad es insoportable.
  • O nos ponemos zen. Cuánto nos cuesta esto a los “justicieros occidentales” que lo queremos todo bien visible y con luces de neón, pero sin duda es la mayor victoria porque es interior, porque tenemos la mejor recompensa, las palabras “yo sé quién soy”, “tú no puedes conmigo”, “me resbalas más de lo que crees”, o “me siento en paz”… grabadas a fuego dentro de nosotros.

Merece la pena 🙂

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Un pensamiento en “De Manuel Mota, los monstruos y el enfoque tibetano

  1. Gracias, campo abierto para la reflexión..¡Que buen artículo Marta!
    pienso en efecto en la cantidad de daño moral y psicológico traducido en depresiones, problemas de ansiedad, problemas de pareja, dolencias fisicas etc..que hay en las consultas por este tema.
    Cuidado, son peligrosos, ¡de verdad! Creo que la trampa esta en querer satisfacerles o entenderles. Es imposible. No son comprensibles en su funcionamiento para los que no sean como ellos, psicopatas en toda regla.
    Si el zen falla, o la situacion se agrava, a ver si empezamos a sentarles en un banquillo, porque en la empresa, al reves que en la vida, a la victima ideal (lo saben y las elijen) le suele dar miedo la denuncia (me va a dejar sin trabajo para siempre) y se van, o se los cargan, sin que nadie se entere ni el mostruo se vea minimamente perjudicado. Al revés, sigue trepando y destruyendo.
    La sociedad se tiene que defender de estos tipos y sin vergüenza, llamar a las cosas por su nombre, y no permitir la impunidad. A ver si los psicólogos ayudamos a generar esta conciencia, y las empresas incluyen el narcisismo patológico como gran peligro para sus plantillas.

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