ARTÍCULOS DE EXPERTOS

A vueltas con la motivación

(Por Manuel Carballo)

Manuel Carballo, en la actualidad coach ejecutivo y consultor en distintas materias, se dedica principalmente al desarrollo directivo. Ha sido Director Asociado en Actúa, Director Comercial en la Clínica Rúber,  Director General y Consejero de Previlabor y Laborservis,  Director Comercial de Sanitas S.A. de Seguros, Director Territorial de de Sanitas S.A. de Seguros, Director Especialista en Banca de Empresas del Banco Santander,  Director Comercial de Iberfrancesa de Leasing S.A., Director Territorial de GDS-Caixa de Barcelona. Ha desarrollado, además, varias posiciones en finanzas, contabilidad, auditoría interna y comercial en Grupo Asegurador Mapfre. Es Vocal en distintas comisiones en UNESPA. Patronal del sector asegurador. Miembro de AECOP, (Asociación Española de coaching). Profesor de coaching en la Universidad de Salamanca. Ponente en distintos eventos y organizaciones. Autor de numerosos artículos sobre Management, habilidades directivas y coaching. Mentor en el Programa Lidera patrocinado por ESADE y la CCAAMM. Es licenciado en Administración y Dirección de Empresas por ICADE. Master MBA en Administración y Dirección de Empresas por el IE. Diplomado en Dirección de Empresas, (PDD) por el IESE. Diplomado en Alta Dirección de Empresas, (PADE) por el IESE. Master en Dirección de Recursos Humanos por el Colegio Oficial de Sociólogos de Madrid. Experto Universitario en Coaching por la Universidad Camilo José Cela. Master en coaching por la Universidad Camilo José Cela. Practitioner en Programación Neurolingüística, PNL por SCT Systemic, (Tim Ingarfield). Diplomado en Coaching Ontológico por Cocrear (Argentina).

Acababa  de incorporarme en los años 80 a una nueva empresa en que las cosas en aquel momento eran más difíciles que de ordinario, porque se trataba de arrancar un nuevo proyecto, ambicioso,  y como todos los nuevos proyectos,  una prueba para los que lo emprenden. En una conversación con un colega comenté mi expectativa de que “alguien debería motivarnos” a los que nos acabábamos  de incorporar como contratados para esta empresa. Mi colega, que era  bastante más experto que yo en aquel momento, me dijo: “no esperes que nadie te motive, te tienes que motivar tú solo”. Fue una de esas cosas que uno aprende de manera experiencial que acompañan ya para siempre. En otro momento de mi vida laboral, un Consejero Delegado dijo que “la motivación es una puerta que se abre desde dentro”. Me parece un excelente resumen, preciso y acertado.

                Motivación viene del latín “motivus”, (movimiento) y se le añade el sufijo “cion” para darle todavía mucho más sentido de movimiento y llamar a la acción. Es por lo tanto una de las  palabras de nuestro idioma que llaman a la acción, en este caso personal. Todo apunta a que el software con el que venimos de fábrica está diseñado para la acción y el compromiso.

       La motivación es una de las características de una persona inteligente y sana emocionalmente. Es el tener ánimo y ganas para hacer algo. Es mucho más que un deseo, porque lleva a actuar. Se materializa en proyectos y planes de acción realistas y que se llevarán a cabo.

                Se ha teorizado mucho sobre la motivación con más acierto o menos, a veces con enfoques muy peregrinos y carentes de interés práctico.  Se atribuye  a “la falta de motivación” muchos estados de inactividad o de baja productividad y rendimiento. La mayoría de las veces se buscan los factores desencadenantes de la falta de motivación “fuera” y culpamos al entorno, al jefe, a los políticos, a la crisis, a la mala suerte… No es que todos estos factores ayuden mucho la verdad, pero pocas veces miramos hacia adentro. Sin embargo, yo creo que no hay gente desmotivada, no hay gente fofa, floja, sin interés (cuando hablamos de individuos sanos), sino que hay personas que no han encontrado sus objetivos, que no tienen claros sus “para qué…”.  Víctor Frankl escribió, “quien tiene una razón para vivir acabará por encontrar el cómo” (El hombre en busca de sentido. Víctor Frankl). Y es que cuando un individuo enfoca en algo o alguien todas sus capacidades, muy a menudo surgen fuerzas asombrosas en cada uno de nosotros. Un ejemplo claro son las reacciones ante la adversidad. Cuando ante circunstancias difíciles hemos de “tirar de nosotros mismos” para hacerlas frente, somos capaces de  desplegar  recursos que hasta nosotros ignorábamos que teníamos disponibles en nuestro equipaje. Por eso la adversidad es una buena medida del talante y la resiliencia de las que me encantará opinar en otro momento.

                Pero hagamos un intento de descomponer la motivación en herramientas de uso manejables. Podemos decir que la motivación es el resultado de agregar tres variables, el deseo, las expectativas y lo que José Antonio Marina llama los facilitadores.

                El deseo viene conformado por la conciencia de que a uno le falta algo, o lo que es lo mismo: debajo de cada deseo hay siempre una necesidad. Ya Maslow en 1943 formuló su teoría de las necesidades humanas clasificándolas en fisiológicas, de seguridad, sociales, de estimación y de autorrealización. Recientemente, otros autores las agrupan en tres grandes grupos: el deseo de bienestar personal, que es el deseo de placer en sentido amplio y que incluye evitar el dolor y la ansiedad y la propensión al disfrute;  El deseo de relacionarse socialmente que viene de la necesidad de ser aceptado (no olvidemos que nuestra mente es social)  y el deseo de ampliar las posibilidades de acción. Los humanos poseemos la peculiaridad de  encontrar siempre posibilidades en la realidad, o, lo que viene a ser lo mismo, que somos sobre todo posibilidades. Según Spinoza, “la esencia del hombre es su deseo”. Por tanto, el deseo y su origen, la necesidad, es uno de los grandes motores de la motivación. Esto nos lleva a pensar que  trabajar con el deseo es trabajar con la motivación,  lo saben muy bien los que trabajan en el marketing y algunos jefes de ventas, solo por poner ejemplos dentro del ámbito comercial.

                Otro motor potente son las expectativas, o el objetivo, la meta, a dónde queremos ir, el premio que queremos conseguir.  De nuevo acudimos al origen de las palabras que nos aporta siempre mucha información. Expectativa viene del latín expectatum que literalmente quiere decir “visto”. Es decir, una imagen anticipada, “vista”, un incentivo. El grado de eficacia del incentivo estará en la relación entre el placer anticipado y el esfuerzo y los recursos que utilicemos para conseguirlo. Es una relación inversa, lo que significa que la visión, la imagen que nos hagamos del placer anticipado, ha de ser mayor que el esfuerzo por conseguirlo, sólo así   merecerá la pena. De esto saben mucho los emprendedores en cualquier faceta y también  algunos motivadores natos o profesionales, difíciles de encontrar por otra parte, aunque siempre hay “Guardiolas…” con permiso de otros entrenadores.

                Por último, el motor de los facilitadores , sobre los que apalancamos los otros dos (deseo y expectativas), son  factores que facilitan las cosas a la hora de actuar, entre ellos podemos hablar de la autoestima, la confianza en uno mismo, la habilidad para determinadas cosas, las creencias positivas e inteligentes sobre uno mismo, la experiencia, la resistencia (decía Camilo José Cela, “quién resiste gana”), la búsqueda inteligente de modelos a imitar, el entrenamiento y la ayuda que podamos conseguir de otros si fuera necesaria,  amigos, colegas, coaches, terapeutas, incluso de mi jefe, ¿por qué no? ( si es un jefe y no un energúmeno, por supuesto) y un largo etcétera.

                Además de todo lo anterior, existe otro factor a tener en cuenta y es el deseo supremo de llevar las riendas de nuestra propia vida, sin depender de otros, ampliar nuestras capacidades combinando nuestro talante y nuestro talento para conseguir que nuestras vidas tengan esa finalidad de la que tanto habló V. Frankl.

                Y por último, está demostrado que a los profesionales  nos motiva y nos compromete mucho más el pelear por aquellas metas que son más grandes que nosotros, que nos trascienden, que son transpersonales, que posibilitan y que aportan tanto  a uno mismo como  a los otros.

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