Para medir el talento

“Cómo medir talento… DIBUJANDO”

No dibujo bien. Para ser justos, dibujo fatal. Admiraba a los que dibujan bien y pensaba: “¿por qué lo harán tan bien, qué “armas” tienen que no tenga yo?”. Por casualidad cayó en mis manos el libro de Betty Edwards “Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro”, y me lancé con ganas: compré un bloc de dibujo, lápiz, goma, sacapuntas, y empecé. Uno de los primeros capítulos me pedía que copiara un modelo y así lo hice con las habilidades que traía (las de un niño de cinco años).

¿Por qué me iban a enseñar a dibujar “con el lado derecho del cerebro”?: porque de niños aprendimos símbolos sobre cómo deben ser las cosas. Un pájaro tiene pico y alas, por tanto mi hemisferio cerebral izquierdo (el lógico) aprende esos símbolos: “todo lo que tenga pico y alas, es un pájaro”. Si yo no he nacido con buenas habilidades artísticas, cuando pinte un pájaro haré un “churro”, ¡pero seguro que tendrá algo que parezca un pico y algo que parezcan unas alas!. Cuando nos hacemos adultos “agrandamos” nuestro hemisferio izquierdo y tendemos a pensar, sentir y actuar con lógica.

Por eso mi primer dibujo era más conceptual que realista: porque actuaba según los símbolos establecidos en mi cerebro.

El libro entonces me guió por nuevo camino y me dijo: “ahora coge el modelo, dale la vuelta y píntalo así, al revés. Observa cada línea, cada curva, contextualiza las proporciones en el papel que estés usando, y plásmalo“. 

Nunca seré una gran pintora, pero hubo algo definitivo que me hizo adquirir una habilidad en cuestión de horas: el proceso observar-contextualizar-plasmar, que apliqué con el lado derecho del cerebro.


Pintando al revés no veía que estaba dibujando un caballo y un jinete: sólo veía líneas. Hacía lo que tantas veces me dijeron los que dibujan bien de forma natural: “pinta lo que ves”. Si sabes que estás pintando un caballo, aplicas la lógica (hemisferio izquierdo) y salen “churros”. Si lo que pintas son líneas, no aplicas ninguna lógica (hemisferio derecho): plasmas lo que ves y salen buenos dibujos. Mi resultado al día siguiente me dejó muy sorprendida:


Viendo este buen resultado me di cuenta de la inmensa relación de este proceso con la evaluación de personas, tarea difícil y a veces subestimada por los jefes. En las empresas se evalúa personas para algo: para la DPO (Dirección por Objetivos), para promociones, para proyectos de adecuación persona-puesto, etc: se evalúa personas para tomar decisiones, y no son pocos los momentos en que un jefe debe rellenar “el maldito formulario de RRHH”. Supongamos que un jefe tiene que evaluar las habilidades personales de un colaborador y ubicar cada competencia (autoliderazgo, innovación, iniciativa) en uno de estos cuatro niveles:


El jefe que responda con el lado derecho del cerebro, responderá automáticamente sobre el empleado “Pepe” con tan sólo ver que hay cuatro niveles. “Pepe es así”. ¿Por qué?, “porque lo sé”. Pues igual no lo sabes y estás haciendo de “mata-talentos”, listo.

El jefe que responda con el hemisferio derecho del cerebro, hará como yo con el dibujo del caballo: aislará sus símbolos, etiquetas, prejuicios, estereotipos, o cotilleos de pasillo, y “pintará al revés a Pepe”: observará cada uno de sus comportamientos, los contextualizará según las definiciones de RRHH, y plasmará una puntuación acertada. Un buen gestor de personas nunca dice “Pepe tiene iniciativa en nivel dos… a ojímetro”. Un buen gestor de personas acude a la descripción de la competencia y dedica un ratito a pensar:

  • Nivel 1: “¿puedo recordar al menos tres situaciones en las que Pepe haya “aplicado su experiencia ante mis instrucciones”?: sí, el día X, Y, Z. Luego Pepe tiene nivel 1.”
  • Nivel 2: “¿puedo recordar al menos tres situaciones en las que Pepe “se haya buscado la vida cuando no tenía instrucciones explícitas”?: sí, cuando X, Y, Z. Luego Pepe tiene nivel 2.”
  • Nivel 3: “¿puedo recordar al menos tres situaciones en las que Pepe “haya encontrado soluciones a un problema, y se haya anticipado a mis peticiones”?: sí, cuando X, Y, Z. Luego Pepe tiene nivel 3.”
  • Nivel 4: “¿puedo recordar al menos tres situaciones en las que Pepe “se haya anticipado a la organización con sus ideas”?: no, no encuentro ninguna situación. Luego Pepe NO tiene nivel 4.”

Pepe tiene, por tanto, nivel 3 en la competencia Iniciativa.

La evaluación del talento es un proceso que si bien no debería ser intuitivo, así lo hacemos en muchos casos: nos fiamos de nuestro “olfato” creyendo que es infalible, y podemos estar perjudicando gravemente la vida profesional de una persona sin que ésta sea nuestra intención en absoluto.

Ahora bien, hablar de personas es hablar de percepciones y emociones: no somos máquinas y es muy difícil aislar las “líneas del dibujo” (los comportamientos) sin pensar para nada en “el dibujo completo” (la persona). Cuesta mucho “dar la vuelta al dibujo” y “ver sólo líneas” cuando es de personas de lo que hablamos.

De esas limitaciones como “pintores”, hablaremos en la segunda parte de este post: “Cómo evaluar talento… DIBUJANDO” (Parte 2: los errores más frecuentes en la evaluación).

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Un pensamiento en ““Cómo medir talento… DIBUJANDO”

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