Adecuación persona-trabajo/Gestión del talento en la empresa

“Enseñar a trepar a una jirafa”: adecuación persona-puesto

Una jirafa es eso, una jirafa: es herbívoro, vive unos treinta años, es el animal más alto que existe, no es capaz de avanzar por aguas pantano sas debido a su peso, tiene buen oído, vista  y olfato, su gestación dura 15 meses, vive en rebaños, duerme de pie, es pacífica, y cuando se siente agredida su forma de protegerse es dar coces con sus uñas. La jirafa es un animal sobrio, elegante, tranquilo y pacífico.

Una ardilla también es eso, una ardilla: es un mamífero roedor, limpia, pequeña, su ciclo de gestación dura unos 30 días, es muy ágil, tiene una vista excepcional, duerme en el nido de un árbol, y vive unos siete años. La ardilla es un animal simpático, ágil, divertido e inquieto.

Imaginemos ahora que tenemos que cubrir un puesto de gerente comercial y otro de gerente de proyectos, y tenemos estos dos perfiles:

Tras un proceso de evaluación a dos personas (mediante un assessment center, un eAssessment, una EIC (entrevista de incidentes críticos), etc.), la persona 1 obtiene estos resultados:

La persona 1 es más adecuada para el puesto de gerente de proyectos, porque es muy apta para trabajar en equipo, analizar problemas, tomar decisiones y aportar soluciones creativas. A esta persona le gusta su mesa, su ordenador, su proyecto, sus “problemas” para solucionar. Probablemente le aturde el cliente, estar en la calle, la acción.

La persona 2 es más adecuada para el puesto de gerente comercial, porque es muy apta para trabajar con clientes, orientarse a resultados, y tiene mucha iniciativa. A esta persona le gusta el cliente, estar en la calle, la acción. Probablemente se aburra en la mesa, con su ordenador, un proyecto y sus problemas.

La persona 1 es más apta para el puesto de gerente de proyectos: visualmente se ve muy bien, el perfil “encaja” perfectamente:

La persona 2, en cambio, es más apta para el puesto de gerente comercial:

La persona 1 es más “jirafa”, la persona 2 es más “ardilla”. No es mejor ser jirafa, no es mejor ser ardilla. Cada uno tiene sus catacterísticas y, de forma natural, cada uno tiene sus motivaciones, preferencias y expectativas según estas características.

Si podemos elegir, la decisión es obvia: ubiquemos a la persona 1 en proyectos, y a la persona 2 en comercial. Si no se puede elegir, no se puede elegir, pero sepamos a qué atenernos. Podemos enfrentar a ambas personas a costosísimos y exhaustivos programas de desarrollo de habilidades, podemos hacer coaching, podemos  hacer muchas cosas. Pero la realidad es que la jirafa nunca será una ardilla, y la ardilla nunca será una jirafa.

¿Quiere la jirafa aprender a trepar?, ¿querrá la ardilla estar en el agua?, si aún así “le echan voluntad” y aprenden, ¿lo harán bien?, ¿serán felices?, ¿darán lo mejor de sí mismas?, ¿saldrá a la luz su máximo potencial?, ¿sabrán adaptarse a los cambios?, ¿querrán seguir en su nuevo lugar para siempre, o buscarán su hábitat natural y preferido?

Y “lo más importante” en este tiempo de pánico: ¿serán productivas?. En este sentido pienso en aquello de “La productividad en España, cuestión de talento” y me reafirmo en el ciclo: 1) adecuación persona-puesto – 2) happyshifting – 3)  alta productividad.

Que la jirafa y la ardilla hagan cada vez mejor lo que ya hacen bien: ese es el objetivo.

Me temo que este debate pierde fuerza con más de cuatro millones de parados en España: si tenemos que ser jirafa o tenemos que ser ardilla, vamos si lo haremos: la causa es la causa.

Pero si queremos ahogar a la crisis, que no nos ahogue ella: vendrán tiempos mejores y habrá que preguntarse qué profesional es cada uno (ardillas, jirafas, leones, cebras…), qué queremos, dónde. Habrá que agarrar la propia carrera por las riendas y buscar el hábitat donde SABEMOS que estaremos mejor ubicados… que es, sin duda, donde seremos más productivos.

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6 pensamientos en ““Enseñar a trepar a una jirafa”: adecuación persona-puesto

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  2. Voy a discrepar un poco. Creo.

    En primer lugar, lo de “Enseñar a trepar a una jirafa” como frase para llamar la atención está muy bien. Incluso el apoyo visual de la foto de la jirafa encaramada al árbol me parece genial.

    Dicho esto, hay una obviedad, que por obvia no podemos obviar.

    En la analogía con los animales tenemos en cuenta características físicas. Y de hecho, parece que en el reino animal (y vegetal) son estas características las que hacen que especie esté “adaptada” a su medio. O puesto en negativo, sean incapaces de “adaptarse” a un medio distinto (o tengan restricciones importantes para hacerlo)

    En el caso de las personas esta adaptación no se basa, principalmente en características físicas. No parece que la “creatividad”, la “orientación a resultados”, la “orientación al cliente” y otras competencias dependan en gran medida de capacidades físicas.

    Pero no es esta obviedad la que quería reseñar, si no que creo que ante una nueva situación los individuos de la especie humana son capaces de modificar su grado de desempeño en distintas competencias con una rapidez asombrosa.

    En muchos casos, con independencia de qué valoración previa se pudiera haber hecho. No con esto quiero invalidar los sistemas de medición, pero sí relativizarlos, ya que en muchos casos van a ofrecernos los valores sobre experiencias previas. Con esos valores no siempre se predice cómo el grado de desempeño ante una nueva situación.

    No sé si me explico. Trato de poner un ejemplo.

    Alguien puede tener más de 20 años de experiencia técnica, primero como contribuidor individual, luego con responsabilidades gerenciales, pero orientadas a la ejecución de proyectos. Posiblemente si trazamos su perfil, veamos esa orientación a la ejecución y en menor medida una orientación comercial.

    Ahora bien, imaginemos que en estos tiempos de crisis se ve abocado a un cambio profesional y su responsabilidad pasa a ser comercial.

    Pasado un tiempo, es posible que haya conseguido cambiar radicalmente su perfil. E incluso puede que sea feliz.

    Sin invalidar, como digo, las herramientas de diagnóstico. Estamos en una etapa que favorece que tal vez las jirafas deban a prender a trepar y puede que lo terminen haciendo bien, e incluso se diviertan (y si no la foto de la ardilla haciendo esquí acuatico)

    Saludos.

  3. Mariano, estoy de acuerdo contigo en casi todo: en las capacidad limitada de los animales para adaptarse a nuevos entornos (hombre, era una analogía…), en la gran capacidad humana para adaptarse, en que esa capacidad aumenta cuando “no nos queda otra”, en que los sistemas de evaluación tienen sus limitaciones…
    Sólo hay una cosa de la que no me vas a convencer: un perfil muy técnico tiene INTERÉS por el conocimiento. Un perfil comercial tiene INTERÉS por el mundo de las relaciones. Si hay que adaptarse a nuevos entornos, seguro que lo hace, seguro que APRENDE y puede que hasta sea feliz (también decía en el post lo de “en este tiempo de crisis”). Pero al final todos buscamos nuestra esencia, lo más auténtico de nosotros mismos, lo que nos hace felices de forma natural. El que es jirafa puede hacer cosas de ardilla y ser feliz, por qué no… pero en cuanto pueda, va a querer hacer cosas de jirafa, que es lo que es, lo que le apetece ser, y lo que le hace feliz. ¿No?

  4. Marta, lo de la analogía era la obviedad que no me interesaba resaltar, y de hecho me parece muy acertada para apoyar el discurso. Y las imágenes ni te cuento.

    Mi intención era destacar la capacidad humana de modificar sus capacidades, y de APRENDER.

    Y justo en tu último comentario has explicitado un elemento clave en ese proceso, el INTERÉS.

    De hecho cuando polemizo (se ve que lo de polemizar es lo mio) sobre las “nuevas” estrategias 2.0 de aprendizaje, lo suelo hacer tratando de poner de relevancia que en todos los sistemas de aprendizaje la MOTIVACIÓN es clave, pero en procesos 2.0 es crítica.

    La sabiduría popular lo recoge con un dicho que creo que dice “Hace más quien quiere que quien puede”

    Ahora bien, como casi todo en esta vida ese INTERÉS puede variar a lo largo de la vida. Y es donde sí me gustaría convencerte, frente al planteamiento menos dinámico que preconizas.

    Tal vez alguien cuyo interés haya sido el conocimiento, haya pasado a tener interés en gestionar personas, y termine teniendo interés por el mundo de las relaciones. Hasta se me ocurre alguna persona que ha hecho ese recorrido (o está en ello) y te podría poner de ejemplo.

    Eso en el ámbito profesional, pero en el ámbito personal ocurre lo mismo.

    Lo que nos interesaba como elemento de ocio a los 20 años, no es lo que nos interesa a los 45 (si es que ya los hemos cumplido).

    Y volviendo a la felicidad, lo que nos hacía felices a los 20 no es lo que nos hace felices a los 45.

    Evidentemente un planteamiento más “esencialista” puede ayudar a los individuos o no tener que vivir con los conflictos e incertidumbres que todo cambio supone.

    Pero ahora toca cambio. Y además creo es más divertido y enriquecedor para el desarrollo personal. Siempre y cuando lo vivamos como un reto que podemos conseguir y no como una imposición a la que sobrevivir.

    Saludos.

    P.D. Sobre las comillas a “nuevas” estrategias 2.0 de aprendizaje, no puedo evitarlo ya que algunos aprendimos mucho con los BBS y un modem v.21, así que de nuevas tienen poco.

  5. Vale, vale!, si lo de “polemizar” es lo tuyo (yo diría más bien “animar” y me encanta que lo hagas en este espacio), COMPRO lo que dices. Efectivamente las motivaciones e intereses cambian, y menos mal que lo hacen, ¿no? Lo que me interesaba con veinte años ya no me interesa tanto y eso es consecuencia de una evolución… entendemos que positiva.
    Pero el post se refiere a una “foto” en un momento del tiempo, por eso encuentras un planteamiento “inmovilista”.
    Si a esa “jirafa” le ponemos a hacer cosas de “ardilla”, puede que sí, que sus intereses acaben modificándose con el tiempo. Por qué no. Pero las personas no damos giros de 360º, la evolución es positiva, sana y necesaria, pero la “mutación” total me choca en una persona y habría que meterse en temas más profundos.
    Seguro que las resistencias tienen que ver con miedos al cambio e incertidumbres personales, como dices.
    Pensando en mí misma como profesional… hay aspectos en los que NUNCA seré ardilla. Seré “un poquito” más ardilla y hasta me gustará, pero no haré mutaciones totales porque hay cosas que no van conmigo, con mi forma de ser y de trabajar.
    Eso sí, desde tu planteamiento dinámico del tema, acertado y “guerrero”: es cierto, los intereses, motivaciones y anclas de felicidad pueden (y deben) variar a lo largo de la vida.
    Marta

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